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2 de septiembre de 2019

Los merovingios

En la entrada anterior, cuando comenzamos a ver el pueblo de los francos, vimos que los denominados francos salios fueron los primeros “foederati” de Roma, nombre que se le daba a un pueblo bárbaro cuando se unía al Imperio romano. Y de ellos salió una de las dinastías más importantes de este pueblo: los merovingios.

Deben su nombre al que se considera su fundador, Meroveo, aunque en realidad su abuelo fue el primero de la dinastía.

Cuenta la leyenda que cuando la madre de Meroveo estaba embaraza de su esposo, Clodión, el rey de los francos, se fue al mar a darse un baño. Allí, una criatura marina, a la que su pueblo llamaba quinotauro, pero que muchos dicen que es la versión pagana de Neptuno, volvió a fecundarla, haciendo así que el niño, Meroveo, fuese hijo de dos hombres, lo que le confería un estatus de más importancia, ya que estaba directamente emparentado con un ser divino. Muchos apuntan a este hecho como una similitud con Jesucristo, pues aseguran que los Merovingios eran descendientes directos de él y de María Magdalena.

Pero dejando a un lado las leyendas, Meroveo fue un gran militar y un excelente político. Mantuvo muy buenas relaciones con Roma, y unificó a bastantes pueblos francos bajo su mandato. Suavizó el carácter de su gente, y durante un tiempo, se dedicaron a vivir de manera, más o menos, pacífica.


Con la llegada de los hunos, el imperio Romano les pidió ayuda para defender la frontera, Meroveo aceptó, y gracias a eso, el ejército de los merovingios fue formado en las técnicas de defensa y ataque de Roma y se les proporcionó un armamento muy superior al que anteriormente tenían.

Los merovingios fueron decisivos en la contienda contra los hunos, que se produjo en la actual Châlons-en-Champagne, la llamada batalla de los Campos Cataláunicos. Consiguieron frenar a Atila en su avance por Europa. Aunque Meroveo no llegó a disfrutar de la gratitud que Roma le prometió por su ayuda, pues murió a los pocos años. Childerico I, su hijo, fue el que le sucedió. Resultó ser un rey bastante promiscuo, lo que le trajo graves problemas con los jefes de los otros pueblos, tanto los que estaban bajo su mandato como los que no. Durante unos años tuvo que exiliarse del territorio de los francos, al este del Rin, y cuando regresó, lo hizo con una nueva esposa, Basina, hija del rey de los turingios, y un hijo: Clodoveo.

En los años siguientes, Childerico continuó guiando al pueblo de los francos con firmeza. Aprovechó la flaqueza de Roma para ir ganando poco a poco terreno, pero permitió que los habitantes de los territorios que iba conquistando mantuviesen sus tradiciones y culturas romanas, por lo que en un momento, el reino de los francos fue una mezcla de culturas romano católicas y franco paganas.

A su muerte, su hijo, Clodoveo I, tomó el mando de los francos. Comenzó su reinado con buenas relaciones con todos sus vecinos, tanto con Roma como con el resto de pueblos germanos. Hasta que en el año 486 reunió un poderoso ejército y atacaron Soissons, el último asentamiento de Roma en aquellas tierras.

No se sabe cómo se desarrolló la batalla, pero el general romano Siagrio, que gobernaba en esta zona, fue asesinado, y todos sus territorios, que iban hasta los ríos Somme y Loira, pasaron a formar parte del reino franco. Lo que, a su vez, implicaba la ruptura de los francos con Roma.

Para continuar expandiendo sus fronteras, utilizaron los lazos de sangre que los unía a los germanos del otro lado del Rin. El pacto más importante fue el que hizo con Sigeberto de Renania, que reinaba en la actual Colonia, con lo que el reino de los francos se extendió por una buena parte de la antigua Galia, hasta más allá del río Rin.

Hasta ese momento, los francos eran una mezcla de culturas romana y pagana, sin embargo, la religión católica estaba ganando mucho terreno frente a los antiguos dioses, y hasta la mujer de Clodoveo, Clotilde, profesaba esa religión. Se cuenta que fue gracias a ella que el rey de los francos, con lo que implica el reino entero, se convirtiera al cristianismo.

8 de octubre de 2018

Los francos - Introducción

Los francos eran un pueblo germano que se originaron mediante la unión de diferentes tribus que habitaban en la orilla este del Rin, pues recordemos que este río hacía de frontera natural entre el Imperio Romano y los pueblos bárbaros.

Para poder entender el origen de los francos debemos retroceder hasta el siglo III.

No se tienen muchos datos sobre cómo se fundó este pueblo. Pero nos ha llegado un libro escrito por Gregorio de Tours llamado “Historia francorum”. Data del siglo VI y en el se narra un supuesto origen de este pueblo, pero muchos historiadores advierten que los datos que aquí se recogen no se pueden tomar como prueba histórica, pues muchos de las cosas que narra, más que hechos reales, son mitología.

Los datos históricos que sí se aceptan dicen que alrededor del siglo III los francos se dividían en dos grupos, a saber:

Francos salios, que se ubicaban en el valle inferior del Rin, lo que sería actualmente el noreste de Alemania hasta llegar a los Países Bajos.

Francos ripuarios, se encontraban en el Rin medio, por los alrededores de la actual Koblenz.

No se sabe cuándo ocurrió, pero en algún momento de la historia estos dos grupos se unieron en un solo pueblo.

Desde el año 250 el pueblo franco había entrado en conflicto con el Imperio Romano y un grupo atravesó toda la Galia, cruzó los Pirineos y una parte se asentó en la actual Tarragona, donde permanecieron durante una década.

Otro grupo de los que comenzaron esta excursión sureña continuó su incursión, construyeron barcos y se dedicaron a navegar por el Mediterráneo, por las costas de África y asaltaron todos los barcos que se encontraban.

A mediados del siglo IV, y después de unas cuantas batallas a sus espaldas, una parte de los francos que se había quedado en las orillas del Rin llegaron a un pacto con el Imperio Romano. Se les concedió una buena parte de la provincia de la Galia donde podrían habitar y establecerse sin ningún problema, con la condición de que les ayudasen a defender las fronteras del imperio en contra de los ataques de los otros pueblos bárbaros que aún les seguían atacando. Y así fue como los francos pasaron a ser “foederati” de Roma.


Esta alianza fue bastante fructífera y duró muchos años. Los francos se hicieron un pueblo muy fuerte y por eso, cuando el Imperio Romano comenzó su decadencia, aprovecharon el momento para extender sus fronteras hacia el resto de la Galia, haciendo que los visigodos permaneciesen al otro lado de la frontera natural que forman los Pirineos.

El jefe que lideraba a los francos en esta expansión del territorio se llamaba Meroveo, de donde proviene el nombre de la dinastía de los merovingios: unos reyes que tuvieron muchísima importancia, entre los que se encuentra Clodeveo I. Pero de ellos hablaremos en la siguiente entrada de historia dedicada a esta dinastía, los merovingios.


El pueblo franco tiene una historia muy larga, empieza en la Edad Antigua y continúa en el tiempo hasta llegar bien entrada la Edad Media. Así que aún nos queda mucho que ver de este apasionante pueblo que ayudó a darle forma a lo que actualmente conocemos como Europa.

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Esto tan solo ha sido una pequeña parte de lo que es la historia de Alemania, aún queda mucho que contar y mucho que aprender. ¿Te vienes con nosotros de viaje al pasado?

¡Un saludo!