11 de abril de 2014

Los músicos de Bremen - Bremer Stadtmusikanten

Erase una vez un hombre que tenía un burro que durante muchos años y de forma incansable había estado llevando sacos al molino. Pero su fuerza cada vez era menor y poco a poco se iba haciendo menos apto para el trabajo. El dueño pensó que debía deshacerse de él, pero el burro se dio cuenta de que los vientos que soplaban no eran buenos, así que decidió irse y ponerse en camino a Bremen. Allí, pensó, podría ser un músico callejero.
Cuando ya había recorrido un trecho se encontró con un perro de caza que tumbado en mitad del camino jadeaba sonoramente como si hubiese estado mucho tiempo corriendo.
- ¡Ey cazadorcillo! ¿Por qué jadeas de esa manera? – preguntó el burro.
- ¡Ay de mi! – dijo el perro - Porque soy ya viejo y cada día estoy más débil. Ya no puedo seguir cazando, por lo que mi dueño quería matarme a palos. Así que decidí escaparme. Pero ¿cómo me voy a ganar el pan ahora?
- ¿Sabes que? Voy de camino a Bremen, allí seré músico callejero. Ven conmigo y déjate contagiar por la música. Yo puedo tocar el laúd y tú los timbales.

El perro estaba de acuerdo, así que siguieron andando. Pero no habían recorrido demasiado trecho cuando vieron a un gato con cara de muy pocos amigos en el camino.

- ¡Ey atusabigotes! ¿Por qué tienes esa cara? – preguntó el burro.
- Quien puede estar contento con el agua al cuello – dijo el gato – como me estoy haciendo viejo mis dientes ya no cortan como antes. Ahora prefiero quedarme detrás de la estufa ronroneando que ir a cazar ratones. Por eso mi dueña quería ahogarme. Por suerte conseguí escapar, pero la pregunte ahora es ¿a dónde voy?
- Ven con nosotros a Bremen, tú entiendes de música nocturna, así puedes ser un músico callejero.

Al gato le pareció una buena idea y se puso en marcha con ellos.
Y así pasaron los tres fugitivos por una granja, donde en la torre había un gallo que gritaba con todas sus fuerzas.

- Me vas a dejar sordo con tus gritos – dijo el burro - ¿Qué es lo que te ocurre?
- Estoy pronosticando buen tiempo – dijo el gallo – es el día de Nuestra Señora, cuando lavó las camisetitas del niño Jesús y las quiso secar. Pero mañana vienen invitados a la casa, así que nuestra Ama, que no tiene ninguna misericordia, le ha dicho a la cocinera que me quiere comer mañana en la sopa y que esta tarde me tengo que dejar cortar la cabeza. Por eso grito a todo pulmón, ahora que puedo.
- ¡Ey cabeza roja! ¿Sabes que? – dijo el burro – mejor vente con nosotros, nos vamos a Bremen, cualquier cosa es mejor que la muerte que encontraras aquí. Tienes buena voz y si tocamos juntos seguro que el resultado será sorprendente.
Al gallo le gustó la propuesta y así emprendieron los cuatro camino a Bremen.

No podían llegar a la ciudad en un solo día, así que al caer la noche se adentraron en un bosque para pasar la noche.
El burro y el perro se acostaron al lado de un gran árbol. Y el gato y el gallo se quedaron en las ramas del mismo, aunque el gallo voló hasta la copa del árbol donde se encontraba más seguro.
Poco antes de quedarse dormido echó un vistazo en las cuatro direcciones y le pareció que en la lejanía una pequeña luz brillaba. Así que les dijo a sus colegas que no muy lejos de allí había una casa.
Levatemonos y vayamos para allá – dijo el burro – nuestros actuales aposentos son bastante malos.
El perro dijo que unos huesos y un poco de carne le sentarían muy bien. Así que se pusieron en camino hacia donde la luz brillaba. Pronto la vieron bastante cerca, cada vez más grande y brillante, hasta que llegaron a una clara y bien iluminada casa, que resultó ser la guarida de unos ladrones. El burro, que era el más grande, se acercó hasta una ventana y echó un vistazo al interior.
- ¿Qué es lo que ves jamelgo gris? – le preguntó el gallo.
- ¿Qué es lo que veo? – dijo el burro – una mesa puesta, llena de deliciosa comida y bebida. Y los ladrones están sentados a su alrededor llenándose la panza.
- Eso no nos vendría mal a nosotros – dijo el gallo.
- Si, ni que lo digas. Ains, ¡si pudiésemos estar ahí! – se lamentó el burro.

Los animales se pusieron a deliberar un plan para sacar a los ladrones de la casa, y al final consiguieron hallar un medio para conseguirlo.
El burro pondría las patas delanteras encima del alfeizar de la ventana, el perro saltaría hasta la espalda del burro, el gato treparía hasta colocarse encima del perro y el gallo volaría hasta quedar en la cabeza del gato.
Una vez colocados, a una señal comenzaron juntos a cantar. El burro rebuznaba, el perro ladraba, el gato maullaba y el gallo cantaba. Luego se lanzaron todos a la casa a través de la ventana rompiendo el cristal. Atenta tal estruendo y la súbita aparición, los ladrones pensaron que un fantasma había entrado en la casa y huyeron despavoridos al bosque.



Así los tres amigos se sentaron alrededor de la mesa y dándose por satisfechos con lo que los ladrones habían dejado, comenzaron a comer como si no lo hubiesen hecho durante semanas.
Cuando acabaron apagaron las luces y buscaron un sitio para pasar dormir, cada uno según su naturaleza y lo que les era más cómodo.

El burro se tendió sobre el estiércol, el perro detrás de la puerta, el gato sobre la cocina, encima de las brasas que aún conservaban algo de calor y el gallo se quedó en la viga más alta. Después de todo el día andando se quedaron muy pronto dormidos. Cuando pasó la medianoche los ladrones se acercaron a la casa y vieron que no había ninguna luz encendida, todo estaba completamente tranquilo y en calma.
- No deberíamos habernos dejado intimidar de esa manera – dijo el líder.
Luego mandó a uno de sus secuaces a investigar.
El enviado lo encontró todo tranquilo, fue a la cocina para prender la luz pero al ver los ojos centelleantes como ascuas del gato pensó en acercarse hasta allí para encender las cerillas. Más el gato, que no era demasiado amistoso, le saltó a la cara, le escupió y le arañó.



El ladrón aterrorizado quiso salir de allí y corrió hasta la puerta trasera, pero el perro, que estaba allí tumbado, saltó y le mordió en la pierna. Cuando salió de la casa y pasó por el patio donde estaba el estiércol, el burro le dio una coz con las patas traseras. El gallo se había despertado por todo el ruido que había y comenzó a cantar:
¡Kikiriki!
Cuando el ladrón logró llegar hasta donde el jefe se encontraba empezó a explicarle que había pasado.
- En la casa hay una horrible bruja, me ha echado el aliento y con sus largos dedos me ha arañado la cara. En la puerta hay un hombre con un cuchillo, y me lo ha clavado en la pierna. En el patio hay un monstruo negro que me ha golpeado con un garrote de madera. Y arriba, en el tejado, hay un juez sentado que gritaba “¡Traedme a esa bribón!” Justo después salí corriendo de allí.

Desde ese momento los ladrones no se atrevieron a entrar en la casa y los cuatro músicos de Bremen se encontraban allí tan a gusto que no quisieron salir de allí.
Y el último que contó esta historia, todavía tiene la boca caliente.



¿Qué os ha parecido este cuento? ¿Lo conocíais? 
A mi al principio no me sonaba del todo, pero conforme iba leyendo iba recordando las cosas. Aunque creo que nunca lo llegué a leer, creo que tenía una cinta de cassette con muchos cuentos, y entre ellos estaba este.
Lo que más curioso me parece es que se llame Los músicos de Bremen cuando en ningún momento llegan hasta allí...


"La verdad sobre los músicos de Bremen: En la jerarquía el burro se sienta arriba." 
Y bien cierto que es, pues siempre llevaba la voz cantante...


¿Moraleja del cuento? ¿Aunque uno no sea igual de joven que antes la vida sigue? ¿No hay que menospreciar a nadie por la edad? ¿Los malos siempre pierden?
No me parece un cuento con una moraleja llamativa ¿qué pensáis vosotros?

Os acordáis de esto, ¿verdad? Que recuerdos de infancia.


Los músicos de Bremen - Bremer Stadtmusikanten, es el cuento número 27 del libro "Cuentos de la infancia y del hogar" escrito por los hermanos Grimm.
________

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado... pero aún quedan muchos más cuentos que leer, muchas historias por recordar y otras tantas por descubrir. ¿Te vienes? Cuentos de los hermanos Grimm

Un saludo!!



5 comentarios:

  1. me encantan los Trotamúsicos! Tengo suerte de visitarlos en Bremen a menudo! Acabo de encontrar tu blog por recmendación de alemánmanía ;) Yo también escribo uno pero sobre Berlín, he visto que lo conoces bien y has estado en muchos sitios, un beso! Y me quedo por aquí!

    eintagmitpepa.blogspot.com

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    Respuestas
    1. Buenas!! La verdad es que Berlín me la conozco bien, aunque con lo rápido que cambia esa ciudad seguro que pronto me quedo desactualizada.
      Me alegra que te guste el blog :D A ver si en esta semana me da tiempo de cotillear por el tuyo. Berlín siempre me interesa.
      Un saludo!!

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  2. En otro Blog, la blogera visito Bremen y relato la historia la cual es su versión varia un poco.

    Al acercarse, oyeron voces de hombres riéndose. Antes de tocar, decidieron echar un vistazo por la ventana. Al hacerlo, notaron que había una increíble cantidad de joyas y de monedas de oro - y por los comentarios de los hombres, concluyeron que eran ladrones.

    Y el final

    La gente de Bremen, contenta por haber sido finalmente librados de tan terribles ladrones, le dieron la bienvenida a los 4 amigos animales a Bremen y les erigieron una estatua en el centro.

    Ambas versiones me gustan, pero es interesante ver como cambian entre las personas, es como el cotilleo jajaja

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    Respuestas
    1. Buenas creepo. El cuento lo he traducido yo misma desde un libro de cuentos que tengo en alemán de los hermanos Grimm, es decir, que está directamente desde el alemán. A no ser que la versión original que yo tengo no sea tan original como creo, los músicos de Bremen nunca llegaron a tal ciudad y tampoco había joyas.
      Un saludo!!

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  3. Amo Bremen ^_^ Por cierto, ese cuento ya lo había leído en un libro de "cuentos tradicionales gallegos antes de conocer a los músicos y su historia...

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