22 de febrero de 2018

Hospitales alemanes

En el último año he tenido que ir bastante a menudo a diferentes hospitales en Alemania, no voy a entrar en el tema de que servicio de salud es mejor, si el español o el alemán, pues en los dos países he sido testigo de chapuzas monumentales y tratamientos impecables. Pero sí que quisiera señalar un par de cosas que nos llamaron la atención en todas las veces en las que estuvimos allí.


Siempre hay excepciones, pero en la gran mayoría de las ocasiones los alemanes que veíamos en las salas de espera estaban solos. No solo los días en los que tenían que ir para ver al médico y hacerse pruebas, sino el mismo día de la operación. Estaban allí con su mochila esperando a que les llamasen para asignarles habitación y meterlos en el quirófano. Solos, todo el día, desde por la mañana, que te citan bien temprano, hasta que se te llevan a operar, y algunas veces la espera puede alargarse hasta cuatro o cinco horas.

Al salir de una operación con anestesia general uno tarda un rato muy, muy largo en volver en sí y poder escribir un mensaje, por lo que si no hay nadie contigo tus seres queridos y amigos se pasarán el día preocupados sin saber si todo ha salido bien, a mi al menos me pasaría.

Cuando alguno de mis amigos españoles que vive en Alemania ha dicho que le tenían que operar estaba claro que alguien iba a estar allí e ir informando al resto. Era algo que ni se duda y se da por sentado. Incluso cuando tiene que ir el día anterior a hablar con el médico. No solo para ayudar un poco con el idioma, sino por ese apoyo moral, que creo, es muy necesario en esos momentos.

El otro aspecto que nos ha llamado la atención son las comidas. Ya sabemos que los horarios de comer de los alemanes son un poco diferentes al nuestro. Pero en los hospitales llega a ser casi extremo. El desayuno es entre las 7 y las 8. La comida entre las 12 y la 1 de la tarde. Y la cena entre las 5 y las 6 de la tarde. Pero el gran problema de este horario es la cena. Consiste en un Abendbrot, es decir, dos rebanadas de pan de molde y dos lonchas de algún embutido, y ya. Con eso tienes que aguantar sin comer hasta el día siguiente a las 7 de la mañana. ¡Son más de 12 horas sin comer!

La primera vez pensamos que se trataba de una merienda, llega a la hora justa, pero hubo algo nos hizo dudar y preguntar. No era la merienda, era toda la cena… Menos mal que existen los amigos piadosos que te traen galletas y fruta de contrabando, sino, uno puede morir de hambre en el hospital.

No sé si alguna vez habéis tenido que vivir la experiencia de pasar por los hospitales alemanes, si es así ¿cómo fue? ¿También visteis a los alemanes solos esperando? ¿Qué os parece esa forma de actuar? ¿Y la cena? ¿Abendbrot y hasta el desayuno?

Espero que no tengáis que vivir esta experiencia, pero si os encontráis en esta situación estad preparados, sobre todo para la copiosa cena.

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¿Curioso? ¿Interesante? ¿Descabellado? Los alemanes nunca van a dejar de sorprendernos, siempre habrá algo nuevo que descubrir. Si quieres conocer más "alemanadas", esas costumbres de los alemanes que nos resultan curiosas, échale un vistazo a esta página.

¡Un saludo!



13 de febrero de 2018

Invasiones bárbaras: Los vándalos

Los vándalos fueron un pueblo germano que provenían de las costas bálticas y escandinavas y como gran parte de los pueblos germánicos emigraron hacia el sur buscando un clima más benévolo.

Durante un tiempo se asentaron en lo que sería actualmente la parte oriental de Alemania y Polonia pero la presión que otros pueblos bárbaros ejercieron sobre ellos les obligó a hacer incursiones hacia al sur hasta que se toparon con los limes del Imperio Romano. Una parte de los vándalos se asentaron en la frontera con Dacia, provincia de Roma, actual Rumanía. El resto continuó hacia el oeste atravesando toda la Galia hasta llegar a Hispania.

Este viaje lo realizaron junto con los suevos y los alanos. Al llegar a Hispania los suevos se asentaron en Galicia pero en el año 588 fueron derrotados por los visigodos. Los vándalos y los alanos permanecieron en Hispania durante unos años y se hicieron con el poder de Cartagena y las islas Baleares. Más tarde continuaron hacia el sur, cruzaron el estrecho de Gibraltar hasta llegar al norte de África. Marcharon por toda la costa y conquistaron Cartago donde en el 439 erigieron la que durante mucho tiempo fue considerada la segunda ciudad más grande del Mediterráneo, solo precedida por Roma.

Aquí los vándalos se hicieron fuertes gracias a la eficacia de sus tropas y de su rey, Genserico.


A mediados del siglo V el rey vándalo consiguió que Roma les considerara un pueblo federado pero a pesar de esto nada les impidió que comenzaran una serie de acciones de pillaje en el Mediterráneo con la intención de controlar las rutas de comercio del trigo. Esto les llevó a hacerse con el poder de Córcega, Cerdeña y Sicilia.

En el año 455 la tropa naval de los vándalos era muy fuerte y estaba bien equipada así que emprendieron un viaje que los llevó hasta las costas del Imperio y terminaron saqueando la propia Roma. No fue un saqueo tan violento como el que había hecho los visigodos hacía unos años atrás, pero aun así fue una gran humillación para los romanos.


A pesar de que el gobierno de Cartago estaba a manos de los vándalos los romanos que allí vivían no fueron expulsados de la ciudad, tan solo se les invitó a marcharse de sus casas y dejar sus posesiones para asentarse en lugares más humildes de la ciudad.

Con la idea de preservar la línea de los vándalos los matrimonios mixtos estaban prohibidos y durante este tiempo el catolicismo fue perseguido y castigado, ya que los vándalos arrianos.

El final de los vándalos fue forjado por ellos mismos debido a profundas divisiones entre las familias nobles, que eran las que tenían el poder. Sus disputas les hicieron buscar aliados externos y eso fue separándolos cada vez más.

A eso hay que añadir que el poder que ejercía la cultura romana no era algo que se pudiese menospreciar. Mientras que los nobles estaban ocupados disputándose la sucesión del trono los soldados vándalos comenzaron a intimar con las romanas y a asistir a los circos y a las termas. Poco a poco fueron adaptando la cultura romana e incluso muchos de ellos se pasaron a la moda de Roma y se cortaron el pelo, llevar el pelo largo siempre fue para los romanos un símbolo de los bárbaros.

Al final, en el año 534, un pequeño ejército comandado por Belisario llegó hasta las costas de Cartago y derrotó al ya casi disuelto pueblo vándalo.

A pesar de su desaparición las incursiones de este pueblo a todas las costas del Mediterráneo y sus pillajes se han mantenido en la memoria de aquellos que les sobrevivieron. Los vándalos ya no existen, pero se han hecho un hueco dentro de nuestra cultura, pues de ellos viene la palabra vandalismo.

Este término existe tanto en español como en alemán y la R.A.E. da estas definiciones:



La verdad es que tuvieron que tener muy mala reputación para acabar siendo recordados de esta manera. Cría fama y échate a dormir…

Pero en alemán también existe una expresión más, Hausen wie die Vandalen. Se utiliza cuando una habitación está hecha un desastre, cuando es un caos. Eso mismo que dicen las madres españolas cuando entran a tu dormitorio y te dicen que esto parece una cuadra, pocilga o demás sinónimos. Pues esta, Hausen wie die Vandalen, sería el homónimo alemán.

Os dejo algunos ejemplos que he encontrado en internet para que os hagáis una idea de cómo se usa, pues no es sencillo:

„In ihrem Lager im antiken Babylon, südlich von Bagdad, haben die us-amerikanischen Soldaten offensichtlich gehaust wie die Vandalen.“
„Vollends in finanzielle Schwierigkeiten geriet er, nachdem Einbrecher in seinem Laden wie die Vandalen gewütet hatten.“
„Zum Ärger des Vermieters hatte die alleinerziehende Mutter gehaust wie eine Vandalin.“
„Hausen wie die Vandalen, das ist doch alles, was die können!“
„Wie die Vandalen hausten vermutlich jugendliche Einbrecher über die Osterfeiertage in einer Bremer Schule.“


¿Conocíais esta expresión? ¿Sabéis más expresiones en otros idiomas en las que mencionen a los vándalos?
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Esto tan solo ha sido una pequeña parte de lo que es la historia de Alemania, aún queda mucho que contar y mucho que aprender. ¿Te vienes con nosotros de viaje al pasado?

¡Un saludo!


5 de febrero de 2018

Innsbruck


Innsbruck, ubicada al oeste de Austria, es la capital del estado de Tirol. Se encuentra en el valle del río Eno, Inn en alemán, entre tres macizos montañosos muy altos, Nordkette, Patscherkofel y Nockspitze.

Por los restos arqueológicos que se han encontrado sabemos que esta zona fue habitada por el hombre desde el neolítico.

Fue un asentamiento romano y más tarde pasó a formar parte del territorio de Carlomagno.

El primer escrito que se conserva donde aparece el nombre de esta ciudad data de finales del siglo XII, cuando se la conocía como Insprucke “el paso del río Inn”, debido a que era un asentamiento importante en la ruta fluvial que atravesaba los alpes.

También hubo una versión en latín, Oeni Pons o Oenipontem, que se traduciría como puente del Eno.

Gracias a su situación fue un paso obligado para poder pasar los Alpes del este lo que hizo que este pequeño asentamiento fuese creciendo hasta que en el año 1239 se le concedió el título de ciudad.

Aunque no fue hasta dos siglos más tarde, con el reinado de Maximiliano I, cuando alcanzó su máximo esplendor.

La importancia de esta ciudad siempre se mantuvo, en el 1849 se la declaró capital del estado de Tirol y unos años más tarde fue la segunda ciudad en conectarse por ferrocarril con Múnich, la capital del por aquel entonces Reino de Baviera.

Las dos guerras mundiales no pasaron de largo por Innsbruck y la ciudad quedó seriamente dañada.

En la actualidad es un lugar muy importante para todos los amantes de los deportes de invierno. Aquí se han celebrado dos veces los Juegos olímpicos de invierno, en los años 1964 y 1976.


La estación central se encuentra a poco más de diez minutos andando del centro.


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