31 de julio de 2013

Anécdota de un viaje...

Hace ya como dos años o así que ocurrió esta historia, pero todavía la recuerdo como si fuese ayer mismo.
Era finales de noviembre, en Alemania eso significa que ya hace frío y anochece como a eso de las cinco de la tarde.
Habíamos planeado hacer un viaje a Dresden, que desde Berlín en transporte público significaba el día entero de viaje. Perfecto, a pasar el sábado.
Ahora que lo recuerdo en retrospectiva no se porque diablos no me hice caso a mi misma. Al levantarme esa mañana tuve una sensación rara, algo iba a pasar en el viaje, pero pensé que solo eran cosas mías, estás loca Irene, anda, vístete que llegas tarde.

Fui a la Hauptbahnhof – estación central, me reuní con mis compañeros y emprendimos el viaje. La ida fue perfecta, sin ningún tipo de incidentes, y la ciudad estaba preciosa, en el centro de la plaza principal estaba ya el mercado de Navidad, que como ya os he contado en alguna ocasión, es muy típico por estas fechas en Alemania.

Pasamos una buena tarde recorriendo los puestecillos y probamos la Glühbier, la cual no recomiendo a nadie, cerveza caliente y ultra azucarada, horroroso.

A la vuelta a Berlín teníamos que hacer un trasbordo en la primera estación de uno de los S-Bahn y ya desde allí cada uno se iría a casa.
Nos montamos en el tren y pusimos rumbo norte. Justamente al lado de nosotros se sentaron una pareja de sordomudos, siempre he querido aprender el lenguaje de signos, así que lo comenté en plan anécdota con mis compañeros y luego seguimos hablando de cualquier cosa irrelevante hasta que tuvimos que prepararnos para bajar.

Y veréis, las estaciones alemanas de pueblos enanos, en plan aldea, están poco iluminados y los carteles que indican el nombre de la estación están muy separados entre si, así que ya os imagináis que juntar las dos cosas es peligroso.
En el grupo unos nos teníamos que bajar, pero otros se quedaban, y mientras nos despedíamos de ellos, que tampoco fue muy largo, el tiempo pasaba, y las puertas del tren se cerraban… y yo no se porque diablos lo hice… aún no se qué fue lo que pasó por mi cabeza para bajarme yo sola del tren y no sujetar la puerta. Las puertas se cerraron y mis amigas se quedaron ahí dentro…
Lo mejor? Esa no era la estación en la que me tenía que bajar, sino en la siguiente, donde se bajaron ellas…
Y allí me quedé, en una fría noche de noviembre, a oscuras, en mitad de la nada, en una estación de tren que no tenía ni estación, pues tan solo era un andén mal puesto.
Pero no estaba sola, por suerte parecía que dos personas les había pasado lo mismo que a mi, y se habían bajado en la estación equivocada, al acercarme a ellos no pude creérmelo, los sordomudos!!! Genial!!!
Y allí me veis, hablando con mis amigas por el móvil, que me quedara donde estaba, que el próximo tren venía en una hora, que es ahí donde empezaba el S-Bahn, y a su vez intentando explicarle a los sordomudos lo que pasaba… no sé como lo hice, pero conseguimos entendernos, para que luego digan que es complicado hablar idiomas!! Ya os digo yo que si te quieres hacer entender lo consigues!!
Me lié bastante con los carteles del tren, pues confieso que era la primera vez que tenía que enfrentarme a la lista de trenes sola, ese cartel amarillo del que ya os hablé. Entre mi inexperiencia y los nervios que tenía, estuve a punto de meterme en un tren que no era…
Mis amigas al teléfono, llamando cada diez minutos, ves la luz allí al fondo? A tu derecha? Esas luces rojas que parpadean? Pues allí estamos.
Escasos 600 metros, pero a ver quien era el guapo que se iba por las vías del tren a plena noche.
El pueblo/aldea en el que ellas estaban quedaba a 1km en bici, que también barajé la opción de ir andando, pero de nuevo, a oscuras y sin conocer la zona, mejor me quedo en esta farsa de estación, que por lo menos hay un poquillo de luz y tengo compañía…
Algo más de una hora más tarde llegó el tan esperado tren, el último del día…
Fue abrirse las puertas en la siguiente estación y lanzarme al cuello de mis amigas como si no hubiese mañana.

Literalmente en medio de la nada, en pleno campo, con una triste farola por toda iluminación. Con un nivel de alemán que dejaba muy mucho que desear… Ahora me río, pues todo salió bien, pero vaya si me hubiese hecho caso a mi misma esa mañana…

¿Alguna vez os ha pasado algo parecido?

Un saludo!!


2 comentarios:

  1. Mi querida amiga, cuanto mas leo mas me sorprendo de tus periplos viajeros, los cuales me hacen reir y recordar que aun queda mucho por descubrir, espero y deseo que algun dia seas esa escritora, que tanto deseas y no te olvides de tus amigos un besazo.....

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