25 de junio de 2015

El rey Rana o Enrique el Férreo - Der Froschkönig oder der eiserne Heinrich

En los tiempos antiguos, cuando el desear algo aún servía, vivía un Rey que tenía las hijas más hermosas del mundo. Pero la más pequeña era tan bonita que hasta el Sol, que tantas cosas había visto, se sorprendía cada vez que su luz la tocaba.
Cerca del castillo real había un bosque muy grande y oscuro. Y en este bosque, debajo de un antiguo tilo había una fuente. En los días calurosos la hija del rey se adentraba en el bosque y se sentaba en la orilla de la fresca fuente. Y cuando se aburría jugaba con una pelota de oro, la lanzaba al aire y la cogía de nuevo. Era su juguete favorito.


En una ocasión la pelota de oro de la princesa no acabó en su manita, sino que se le resbaló cayó al suelo y rodó hasta que acabó dentro de la fuente. La hija del rey siguió la trayectoria de la pelota con la mirada, pero esta desapareció de su vista. La fuente era profunda y desde la superficie no se podía ver nada. La niña comenzó a llorar y llorar, cada vez más alto y nada podía consolarla.

Y por como sollozaba, alguien se acercó.

— ¿Qué te ocurre princesita? Lloras tanto que hasta las piedras se ablandan.

La hija del rey miró a su alrededor buscando de donde procedía la voz. Y vio que una rana asomaba su fea y gorda cabeza del agua.

— ¡Ah! Eres tú, viejo chapoteador - dijo la niña - lloro por mi pelota de oro, se me ha caído en la fuente.

— Estate tranquila - le tranquilizó la rana - yo te la puedo devolver, pero ¿qué me darás a cambio?

— Lo que quieres, querida rana - le dijo la princesa - mis ropas, mis perlas y mis piedras preciosas, incluso la corona de oro que llevo.

— Tus ropas, tus perlas, tus piedras preciosas y tu corona de oro no me interesan - le respondió la rana - pero si estuvieses dispuesta a quererme, si pudiese ser tu amiga, tu compañera de juegos, si me dejases sentarme a tu lado en la mesa, comer de tu plato de oro y beber de tu vaso. Si me permitieses dormir en tu cama. Si me prometes todo esto, entonces iré al fondo de la fuente y recogeré tu pelota de oro.

— Por supuesto - dijo la princesa - si me devuelves mi bola te prometo que haré todo eso.
Pero al mismo tiempo pensaba: Que se cree esta tonta y charlatana rana. Ella tiene que estar con los suyos, en el agua, croando. No puede ser amiga de las personas.

Cuando la niña aceptó el trato la rana se adentró en la fuente. Recogió la pelota con la boca y la lanzó a la hierba. La princesa estaba muy contenta y corrió y saltó con la pelota en las manos.

— ¡Espera, espera, espera! - gritó la rana - llévame contigo, no puedo andar como tú lo haces.

Pero de nada le sirvió croar y gritar lo más fuerte que pudo. La niña no le hizo ningún caso, se fue a casa y pronto olvidó a la rana, que tuvo que volver a las profundidades de la fuente.

Al día siguiente, cuando la princesa estaba a la mesa con el rey y el resto de la corte y comía de su plato de oro la rana llegó.

Plitsch, platsch, plitsch, platsch.

Algo estaba subiendo las escaleras de mármol del castillo y cuando llegó arriba llamó a la puerta.

— ¡Princesa! La más joven. ¡Ábreme!

Ella corrió hasta la puerta, pues quería ver quien era el que estaba fuera. Cuando vio que era la rana cerró con fuerza la puerta y volvió con mucho miedo a la mesa.
El rey vio como el corazón de la niña palpitaba con fuerza y le pregunto.

— ¿Qué es lo que te ocurre? ¿Hay un monstruo gigante en la puerta y quiere llevarte?

— ¡Oh, no! - dijo la niña - No es ningún gigante, tan solo es una asquerosa rana. Ayer en el bosque la pelota de oro se me cayó a la fuente y la rana me la devolvió. Le prometí que seríamos amigas, pero nunca pensé que pudiese salir del agua. Y ahora está aquí y quiere entrar.

Volvieron a llamar a la puerta.

— Princesa, la más joven,
ábreme,
¿No sabes lo que ayer,
me dijiste,
en la orilla de la fresca fuente?
Princesa, la más joven,
ábreme.

— Si prometiste algo tienes que cumplirlo - dijo el rey - así que ve y abre.

La niña abrió la puerta y la rana entró. La siguió hasta que llegó a su silla y le dijo que la subiese. La princesa no quería, pero el rey se lo ordenó.
Cuando la rana estuvo en la silla comenzó a hablar.

— Bueno, acércame tu platito de oro para que podamos comer juntos.



La princesa hizo lo que la rana le dijo, pero bien se podía ver que lo hacía muy a regañadientes.
La rana saboreó bien la comida, pero ella no tocó nada de lo que había en su lado del plato.

— Ahora que he comido y estoy lleno me ha entrado sueño. Llévame hasta tu dormitorio, déjame en tus sábanas de seda y durmamos.

La hija del rey comenzó a llorar, le repugnaba esa fría rana que ni siquiera se atrevía a tocar. Y para nada quería dejarla dormir en su hermosa camita. Pero el rey la miró enfadado y dijo:

— Lo que prometiste tienes que cumplirlo. Así que la rana será tu amiga.

Y no había más que hablar. Quisiese o no, tenía que llevarse la rana consigo. Con mucho cuidado, con dos dedos e intentando tocarla lo menos posible la llevó hasta la cama. Pero la princesa no quería compartir su cama con aquel bicho, así que la cogió y con todas sus fuerzas la lanzó contra la pared.

— Así tendrás tranquilidad, asquerosa rana.

Pero lo que cayó de la pared no fue una rana muerta, sino un apuesto príncipe con unos hermosos y alegres ojos. Por derecho y por deseo del rey fue aceptado como amigo y prometido de la princesa. Y así, con placer durmieron los dos en la cama.

A la mañana siguiente, cuando el sol despertó, llegó al castillo un carruaje tirado por ochos caballos blancos. Estaban adornados con joyas y cadena de oro y conduciendo iba el sirviente del príncipe, el fiel Enrique.

Cuando su señor se convirtió en rana el fiel Enrique quedó muy afligido. Y se colocó tres barras de hierro en el corazón para evitar que este estallase de tristeza y dolor.

El carruaje debía devolver al príncipe a su reino, así que el fiel Enrique montó a la pareja y se subió detrás. No cabía en si de gozo por la liberación de su señor. Y cuando ya llevaban un trecho recorrido, el príncipe escuchó un crujido detrás de ellos, como si algo se hubiese roto.
Se volvió y gritó.

— ¡Enrique! ¡El coche se rompe!

— No señor, no es el coche,
ha sido una de las barras de mi corazón,
ha estallado por el gran dolor que soportó,
cuando estuvisteis en la fuente,
cuando fuisteis una rana.

Otra vez y otra vez algo estalló en el camino y el príncipe siempre pensó que era el carruaje el que se rompía. Pero solo eran las barras del corazón del fiel Enrique las que explotaron. Por la dicha de tener de vuelta a su señor, contento y feliz.




Y aquí, señores, tenemos el famoso cuento de la rana que se convierte en príncipe... Nunca había leído la versión original, y no me extraña... pasa de besar ranas a estamparlas contra la pared... Nunca me lo hubiese esperando, la verdad. Bien es cierto, y ya lo hemos podido comprobar, que los cuentos de los hermanos Grimm siempre tienen una parte macabra, pero esto... Dista muchísimo de lo que conocemos.


También me ha sorprendido mucho el final, al principio la niña es la protagonista y luego se deja de hablar de ella y todo se centra en el sirviente, del cual, debo confesar, nunca escuché hablar.

Además hay una frase en el cuento que me chocó mucho:
Pero lo que cayó de la pared no fue una rana muerta, sino un apuesto príncipe con unos hermosos y alegres ojos. Por derecho y por deseo del rey fue aceptado como amigo y prometido de la princesa. Y así, con placer durmieron los dos en la cama.
Nunca había leído una escena de este calibre en un cuento.

¿Moraleja?
No sabría muy bien que decir, en un principio diría que si prometes algo debes de cumplirlo, pero las consecuencias que tiene la niña no son ni mucho menos malas. Bueno, quitando el hecho de que se la llevan de casa sin decirle nada y queda relegada a un tercer plano. Eso me parece un gran castigo, pero por la época no creo que fuese visto así.

¿Qué pensáis vosotros?
¿Conocíais la versión original de este cuento?

El rey Rana o Enrique el Férreo - Der Froschkönig oder der eiserne Heinrich, es el cuento número 1 del libro "Cuentos de la infancia y del hogar" escrito por los hermanos Grimm.
________

Extraño, ¿verdad? No recordabas el cuento así, la versión que a ti te contaban cuando eras pequeño no se parece mucho a esto que acabas de leer... Pero he aquí, el cuento original escrito por los hermanos Grimm. Y lo mejor de todo es que este no es el único raro, la gran mayoría de las historias que conocemos son diferentes a los originales.

¿Quieres leer los cuentos originales de los hermanos Grimm? Pincha aquí, toma asiento y déjate sorprender.

Un saludo!!


4 comentarios:

  1. Justo eso estaba pensando: todos los cuentos, por macabros y crueles que sean, siempre tienen una moraleja y de hecho por eso son para niños (para que aprendan) ... y la verdad tampoco a mí me quedó tan claro jejejeje... Era para que el príncipe-rana hubiera tomado acciones buenas con el rey (que la hizo mantener su promesa) y represalias con la hija que promete cosas que no está dispuesta a cumplir...

    Supongo que por eso mismo edulcoraron tanto la historia en su versión moderna y comercial jejeje. Fue interesante leerlo. Mil gracias por compartir :)

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    Respuestas
    1. Buenas!! Se supone que según decían los hermanos Grimm, sus cuentos no estaban pensados para los niños, por eso son tan macabros.
      Un saludo!!

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  2. Hola,

    Hay una generalidad en los cuentos (Enrique Ferreo, Rumpelstiltskin...)

    1.Eres bella
    2. Te ha ocurrido alguna "desgracia"
    3. Lloras como magdalena
    4. Siempre hay alguien que te ofrece ayuda a cambio de algo
    5. Prometes dar ese algo
    6. No lo cumples
    7. Al final sales bien librada

    Personalmente prefiero las fábulas de Esopo, esos cuentos no me parecen muy educativos, no creo que sea por la época, sino una visión de la vida, un tanto cínica., pero es mi opinión personal.

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    Respuestas
    1. Buenas Dulce. La verdad es que algunas veces los cuentos de los hermanos Grimm dejan un poco de desear en lo que a buenas enseñanzas se refieren, al menos en nuestra época.
      Buscaré los libros que dices, a ver que tal están.
      Un saludo!!

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