14 de junio de 2018

El hombre afortunado

Este relato forma parte del taller de escritura de Literautas del mes de junio. La premisa de este mes son dos: que el título sea "El hombre afortunado", y que empiece con la frase "Llevaba un hacha en la mano".


Llevaba un hacha en la mano y la brida del burro atada a la cintura. Los días de caluroso verano aún no habían llegado, pero no quedaba mucho, así que aprovechaba las horas cercanas al amanecer para realizar la pesada, mas muy necesaria, tarea de cortar leña.

Las encinas eran la mejor madera y, a pesar de tener varias por los alrededores, no quería talarlas. Les gustaba sentirse dentro del bosque, y además, les protegían del frío viento del norte.

Llevaba varias jornadas en ello, unos días iba al sur, otros al este, pero la zona del oeste no la había pisado desde que el invierno empezó.

Se alejó de la pequeña cabaña y se adentró en el bosque silbando una cancioncilla infantil que sus hijos le habían enseñado. Anduvo y anduvo hasta que llegó a su destino, sin embargo, lo que allí encontró no era lo esperado.

El encinar había desaparecido y en su lugar alguien había improvisado una casa. No estaba terminada: el techo se encontraba a medias, una de las paredes parecía apuntalada con una viga muy inestable y las ventanas estaban tapadas con telas oscuras.

Ató el burro a una de las ramas y se adentró en el claro. La última vez que bajó a la aldea el alguacil no le había dicho nada de aquella casa, aunque le advirtió de unos bandidos que estaban asolando la zona. Robaban y mataban sin que la mano les temblase. No tenían pudor en entrar en las casas, incluso en las de los más pobres, en las iglesias o en los monasterios y llevarse todos los tesoros que encontraban y, si podían, realizaban actos pecaminosos con las religiosas.

Se acercó con cuidado y, con aquella advertencia en mente, apartó un poco la tela que cubría una de las ventanas. Se asomó al interior y lo que encontró lo dejó anonadado.

Sin ningún orden y colocados en cualquier lugar, había amontonados cuadros, cofres y candelabros. Encima de una mesa divisó tres pilas gigantes de monedas de oro y a su lado un saco del que salían unas pequeñas piedras preciosas.

En ese momento se dio cuenta de que había encontrado a los bandidos.

—Vaya, vaya. Parece que tenemos visita.

Aquella voz a su espalda le sobresaltó. Se dio la vuelta y se encontró con cuatro hombres, todos armados con pequeñas espadas, dagas y cuchillos.

—¿Ese burro es tuyo? —preguntó uno de ellos acercándose a él.

No respondió. Agarró con fuerza el hacha y sintió el duro tacto del mango en su mano. Cómo se alegraba de llevarla consigo. Le superaban en número, pero no se iba a dejar vencer sin oponer resistencia.

Atacó primero, blandió su arma con destreza y la consiguió insertar en la carne de sus enemigos. Su propia sangre también corrió por el suelo, mas no dejó que las heridas le distrajesen.

Cuando solo uno de los bandidos quedaba en pie, los dos resollaban con fuerza. Se miraron a los ojos, concentrados. Sabían lo que estaba en juego.

El leñador se abalanzó contra su adversario con el hacha en ristre, pero el bandido hizo una rápida finta y lo esquivó por unos pocos centímetros.

Volvieron a enfrentarse, hacha contra daga. El golpe fue tremendo y resonó en todo el claro. El filo del hacha se melló, pero la daga se rompió con limpieza por la mitad.

Esa era su oportunidad, se acercó al bandido, y antes de que pudiese sacar el pequeño cuchillo que llevaba atado al cinturón, insertó el hacha en su cuello. El golpe fue duro y contundente. El arma entró varios centímetros en la carne hasta llegar al hueso y cuando la sacó, el bandido cayó al suelo con la cabeza casi decapitada.

El leñador, muy magullado, pero aún con vida, consiguió arrastrase hasta su burro. Era un animal fuerte, así que se tumbó encima de él y lo desató.

Tardaron mucho en llegar, y el camino se regó por la sangre que caía de sus numerosas heridas.

Cuando llegaron hasta su casa se encontraba al borde de la inconsciencia, pero nunca se había alegrado tanto de ver la cara de su esposa, aunque su expresión fuese de terror.



El leñador sobrevivió, y la gente acaudalada, a la que los bandidos habían robado, le agradecieron su valentía concediéndole unas vastas tierras y una parte del botín recuperado.

El conde accedió casar a su primogénito con una de las hijas del leñador, y los caballeros más valerosos del reino tomaron a algunos de sus vástagos como escuderos.

Se sentía dichoso. Sus hijos tendrían una vida feliz y no conocerían la pobreza o la hambruna. Y a pesar de que las heridas fueron terribles: se había quedado tuerto, había perdido una pierna y varios dedos de la mano derecha, se consideraba un hombre afortunado.

*

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado?

Si quieres leer más textos originales escritos por la autora de este blog, en este enlace los puedes encontrar todos.

¡Un saludo!

16 comentarios:

  1. Hola Irene.
    Me ha parecido un buen relato, me ha recordado a los encinares que tanto adoro de mi tierra.
    Cuando cruzamos a lo desconocido podemos adentrarnos en situaciones arriesgadas, como le pasa al leñador, pero mereció la pena, gracias a su valentía, no solo acabó con los bandidos, sino que ayudó a a gente pudiente que luego se lo agradeció.
    En definitiva me ha gustado tu relato, enhorabuena Irene.
    Saludos

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    1. Buenas, Gustav.

      Me alegro de que te haya gustado.

      Un saludo.

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  2. Hola Irene,

    Primero que todo, muchas gracias por comentar mi relato.

    Tu historia me ha gustado mucho, bien estructurada y de fácil lectura. Has hecho que pudiese adentrarme en ella y visualizar todo lo narrado.
    Una vez más, mis felicitaciones.

    Nos leemos, un saludo.
    Rosanna

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    1. Buenas, Rosanna.

      Me alegro de que te haya gustado y te haya resultado fácil de leer.

      ¡Un saludo!

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  3. Leosinprisa

    Hola Irene,un buen relato, que se lee ágil y además es entretenido, sin saber hasta el final si el buen hombre conseguira sobrevivir a su encuentro.

    También se puede considerar afortunado por haber caido en gracia a tan altos señores desvalijados, recompensándolo en una cuantía proporcional a su valentía. Lo he leido con mucho agrado.

    Ha sido un placer leerte. Un saludo.

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    1. Buenas, Leosinprisa.

      Dado que el título es "El hombre afortunado" creo que se prevé un final feliz, pero me gusta poner a mis personajes en situaciones complicadas, la vida no es sencilla, aunque alguna vez la dificultades se me han ido de las manos y los pobres acaban muy mal...

      ¡Un saludo!

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  4. Buenas Irene,

    Aquí me tienes devolviéndote la visita.

    Me ha encantado tu relato, está bien estructurado, el narrador y el tiempo verbal son mas que correctos. Los personajes aparecen bien detallados y es muy fácil empatizar con el protagonista. No veo nada que sobre y la verdad es que el relato se lee muy fácil, enseguida te quedas inmerso en la historia y te invita a seguir hasta el final, que por cierto, te deja con un muy buen sabor de boca.

    Al principio no veía muy claro dónde estaba la fortuna de nuestro leñador, al fin y al cabo es él quien ha luchado con los bandidos y ha salido malherido, consiguiendo todo por sí mismo. Pero es cierto que tener después la tranquilidad de poder vivir sin que le falte nada y más en una época tan dura, es mucho mas que suerte.

    La verdad es que como siempre, ha sido una gozada leerte y sorprenderme con lo que escribes. ¡Un trabajazo! Muchas gracias por compartirlo.

    Seguimos leyendonos por estos lares. Un abrazo.

    PD. Por cierto he estado curioseando tu blog un poquito, y me han encantado las entradas en las que hablas del idioma alemán y las confusiones o dobles sentidos, te aseguro que seguiré cotilleandolo :P

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    1. Buenas, Dopidop.

      Me alegro de que te haya gustado el relato.

      La fortuna no tiene que ser solo cosa del azar o de la casualidad. También puede llegar cuando uno la busca, la trabaja y se mantiene en su camino hasta que la consigue. Quiero creer que la perseverancia también trae la fortuna, y con ello la felicidad.

      Eres libre de cotillear por todo el blog, hay mucho que leer.

      ¡Un saludo!

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  5. Hola, Irene. No me toca leerte a ti, pero ya que tú has comentado el mío, creo que te lo mereces.
    El relato lo he encontrado bien, en general, pero no me gusta tanta lucha y tanta sangre (aunque sé que es lo que se lleva)
    Por cierto, tu leñador también silba una cancioncilla.Jeje
    La expresión "mas muy necesaria" no me suena bien.
    Otros: ",y además", creo que la coma debería ir detrás de la y (y, además,)
    No recuerdo si había algo más, pero poca cosa.
    Solo son sugerencias.
    Yo te agradezco la que me has hecho.
    Otro día pasaré a leer algo más de tu blog.
    Que vaya bien por Alemania.
    Un abrazo

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    1. Buenas, Ana.

      Gracias por pasarte a leer mi relato y comentar.

      La primera expresión que comentas tampoco me terminaba de convencer, pero al final la dejé.
      Miraré la coma que comentas.

      ¡Un saludo!

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  6. Hola Irena. Primero que todo, gracias por comentar mi relato.
    Me gustó la historia y creo que la forma como la cuentas es muy buena. Es muy agradable de leer y enganchas fácilmente al lector.
    Sólo hay una cosa que tengo que señalar. La parte del final, aunque concuerda perfectamente con el resto del relato, por la forma como está redactada, se siente como si hiciera parte de un cuento de hadas donde el príncipe se casa con la doncella y los problemas se resuelven de esa manera. Está claro que el leñador se merecía todos los regalos y privilegios que le otorgaron las personas que le agradecían su valentía, pero se me hace un final más acorde a cuento de hadas que a una historia de acción como la que nos estabas contado.
    Pero tal vez es sólo una sensación mía. De resto, te digo que me ha gustado mucho tu relato.
    Saludos!

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    1. Buenas, Ceyla.

      Soy una gran fan de los cuentos de los hermanos Grimm, y ya te digo que Disney nos ha engañado con las historias que nos han contado. Los cuentos originales son mucho más oscuros y brutales que la versión que conocemos: las hermanastras de la Cenicienta, por ejemplo, se cortan los pies para poder entrar en en zapato.

      Dicho esto, me alegro de que te haya parecido que era un cuento, pues de alguna manera, esa era mi intención.

      Si tienes curiosidad por leer los cuentos originales de los hermanos Grimm, aquí te dejo en el de "La Cenicienta", traducido por mí directamente desde el alemán: http://alemaniaentrebastidores.blogspot.com/2015/03/la-cenicienta-aschenputtel.html

      Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi relato y comentar.

      ¡Un saludo!

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  7. Hola, Leosinprisa. Pensé que en tu relato no iba a haber derramamiento de sangre, pero me equivoqué. Y es que el hacha se presta a ello. Un buen relato con final de clásico y moraleja :)
    Saludos,
    Luna Paniagua

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    1. Buenas, Luna.

      Tener que empezar a escribir con un hacha en la mano me lleva por caminos violentos :P

      ¡Un saludo!

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  8. Hola, Irene. Lo primero de todo, gracias por pasar y comentar.
    El tuyo tiene el aroma de los clásicos: ambientación, bandidos, tesoro y recompensa por las buenas acciones. Para mí no le falta ni le sobra nada. Me va lo truculento, así que me gustan los detalles de ese hacha que se incrusta hasta el hueso y demás.También soy amante de los hermanos Grimm. ¿Y qué me cuentas de Andersen? para echarse a llorar.
    Tal vez, y solo tal vez, el final es demasiado "bueno", aunque entiendo que había que redondearlo para adaptarse al título.
    Me alegro mucho de haber pasado por aquí y disfrutar de tu trabajo.
    Un saludo

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    1. Buenas, earendil.

      Me alegro de que te haya gustado, en especial viniendo de alguien amante de los hermanos Grimm. Ese título y un hacha me completamente con sus historias, pero no sabía si lo había sabido expresar. Me alegra de que tanta gente lo haya visto.

      Si no hubiese sido por ese título es muy probable que el hombre afortunado no lo hubiese sido tanto... Mis personajes suelen sufrir bastante...

      ¡Un saludo!

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