1 de octubre de 2013

Continuando con Tontita y Bulldog

Hace ya un tiempo os empecé a contar mis aventuras en aquel piso con alemanas donde pasé cinco largos meses, que no es que se me hiciese complicado vivir con ellas, casi más bien era todo lo contrario, cada día era un nuevo reto, algo nuevo a descubrir en la convivencia con teutones.
Ya os hablé de los poderes de invisibilidad que obtuve durante este tiempo y de lo aficionadas que eran a dejar notas por la cocina en lugar de decirte cualquier cosa en persona.
Hoy os voy a contar el extremo al que llegaron en eso de no hablar con el resto de habitantes de la casa, porque quizás se lo dijeron al armario del pasillo, pero a mí la información no me llegaba.
Tontita venía de una ciudad cercana a Colonia, así que de vez en cuando se iba a casa, no sabría decir por cuanto tiempo ni si se iba semanas alternas, pues nunca jamás dijo que se iba, de hecho al final era la volatilización espontanea del cepillo de dientes en el baño lo que me indicaba que había un miembro menos en la casa.
Y así pasaron las semanas, con el cepillo de dientes desapareciendo sin avisar ni dejar rastro a intervalos irregulares, cuando de forma imprevista un viernes por la noche llegué a casa y no había nadie. En el baño el único cepillo era el mío, el resto parecía haber desertado, el pobre me dio hasta pena, ahí solito en el vaso completamente abandonado.
Estarán de fin de semana, pensé.
Pero el martes cuando volví de clase y el cepillo seguía estando solo sin que ninguno de sus congéneres diese señales de vida empecé a pensar que quizás mis compañeras de piso se habían ido de vacaciones.
Regresarán el domingo, pensé.
Y así me pasé la semana, saludando al armario al entrar y al salir, pues ya me había acostumbrado a darle los buenos días.
El domingo nadie regresó, ni el lunes, ni el jueves y al final, el domingo siguiente llegaron las dos, apareciendo tal como se fueron, sin avisar ni decir nada.

Dos semanas fuera, sin aviso ni nada, ni un triste, oye Irene, que me voy a ir de vacaciones, te vas a quedar sola quince días, pero no te preocupes, y por cierto, la basura se deja allí…
Porque si, mis compañeras desertaron un tiempo lo suficientemente largo como para que el cubo de basura se llenase y con el calor del verano eso empezaba a oler mal.
No llevaba demasiado tiempo viviendo en el piso, y entre que el cubo era bien grande y que siempre que decidía ir a tirar la basura alguien acababa de hacerlo, las semanas iban pasando sin que en ningún momento hubiese ido yo.
En Alemania no es como en España, los cubos de basura no están delante de la puerta, sino que se encuentran reescondidos en los lugares más insospechados.
Di un par de vueltas alrededor de la casa, intentando abrir todas las puertas que me iba encontrando, pero mi odisea resultó en vano y al final tuve que desistir en el intento de tirar la basura.
Cuando Bulldog regresó y vio que ya teníamos hasta bichillos en la cocina, tan solo eran pequeños insectos voladores, no llegó la cosa a más, escribió una nota haciendo notar el hecho de que teníamos nuevos inquilinos y la dejó en la encimera. A lo que Tontita respondió diciendo que ella también había estado de vacaciones, echándome, obviamente, la culpa a mi.
No pude aguantarme, cuando vi las notitas me fui directa a sus habitaciones y les dije amablemente que yo hubiese estado encantada de haber tirado la basura si alguien se hubiese dignado a decirme DONDE, y que si me hubiesen dicho que se iban les habría preguntado DONDE se encuentra el contenedor.
No sé como debí decirlo, aunque estaba un poco molesta por la situación, pero mi tono tuvo que ser tan el plan, mira no me toques las narices, porque hasta Bulldog agachó las orejas, cogió un manojo de llaves que había colgado al lado de la puerta, que vamos, ni San Pedro tiene tal colección y me llevó a fuera del edificio, a la calle, y en la esquina, entre nuestro edificio y el de lado, en una habitación minúscula se encontraba la habitación de los serones, la cual había que abrir con una de las llaves…
Y pretendían que adivinase eso, ¿verdad? Así, por ciencia infusa iba a llegarme el conocimiento. En fin…

Aunque esto tuvo su lado bueno, desde aquel día, siempre que se iban de fin de semana me lo decían, y no con notitas, a la cara!!! Todo un milagro. Una vez hasta Tontita me dejó las llaves del buzón para que le recogiera el periódico…


Saludos!!

 

3 comentarios:

  1. Madre mía, pues vaya ganas de vivir con gente así, de verdad que a veces la gente es increíble :/ Y en el piso donde vivía al principio también se necesitaba una llave gigante y pesada para ir al cuartito a tirar la basura, llave que mis 2 compañeros, cada uno de metro ochenta lo mínimo, dejaban en lo alto del contador de la luz, y yo es que ni veía la llave, ni llegaba tan alto...!

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    Respuestas
    1. Jajaja te veo teniendote que subir a la silla para poder coger la llave.
      No fue la mejor convivencia de mi vida, cierto es, pero creo que esto es ya lo último que tengo que contar sobre ellas, me mudé en cuanto pude.

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  2. No os envidio para nada cuando tenéis que compartir piso... Madre mía, lo mal que lo habéis pasado. Espero que ahora estéis mucho mejor y conviváis con personas más comunicativas y amables. Un abrazo

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